El que esté libre de culpa, que lance la primera bomba
Hay una cosa que nunca pude olvidar de los juegos de niño: las reglas son para cumplirse. El que se parase un metro mas allá de la línea de castigo, podría provocar tal fallo cósmico, que las posibilidades de que el sol se cayera sobre nosotros, que una variación en la presión interna de nuestra pelota produjera tal estallido que nos volará la cabeza a todos, o que simplemente esta actitud convocara al Viejo del Saco hacía que cualquiera mis infantes amigos lo pensara 2 veces antes de intentar una maniobra castigada.
¿Cuál era la razón de este temor? Simplemente que la única forma de regular un sistema que coexiste en un aparente desorden, es que se promuevan normas claras, respetadas y resguardadas por todos, para que ningún nene llegara a sentir que no había espacio para el respeto entre amigos. Ya lo dice el milenario refrán: reglas claras conservan la amistad.
Al parecer los pequeñines en EEUU nunca jugaron a la matanza o a los colores cuando niños; nunca aprendieron que si yo rompo las reglas, no puedo exigir que los demás las cumplan; si como país no respeto el orden regulador multinacional, y determino no tomar en cuenta las normas de la Comunidad Internacional, no tengo la base moral para exigir que los demás los cumplan, por mas que yo sea el niño más grande y gordo de la cuadra: simplemente no se puede.
Desde la época de la Guerra Fría y la paz simulada que el mundo no vivía una situación de tal tensión, donde cualquier paso en falso puede provocar incidentes de insospechados y catastróficos pronósticos. Que el Gobierno Norcoreano es una amenaza latente para la paz mundial, de eso no cabe duda, pero EEUU no lo ha hecho mejor tampoco: el intervencionismo en Medio Oriente ha sido brutal, y ha generado una ola de odio hacia Occidente que es probable que se pague con la sangre de muchas generaciones.
The United States of America se ha metido en un lío que ni ellos mismos pensaron. Estiraron tanto la cuerda (nótese invasión a Irak, sin el respaldo de la Comunidad Internacional a buscar “supuestas” armas de destrucción masiva que nunca aparecieron) que finalmente el chicotazo al cortarse casi le vuela los bigotes al Tío Sam. ¿Con que cara van a pedir ahora que se respeten las normas internacionales? Si no se aprendió de chiquitito, de viejo cuesta más pues.
Por Ricardo Cortés.
¿Cuál era la razón de este temor? Simplemente que la única forma de regular un sistema que coexiste en un aparente desorden, es que se promuevan normas claras, respetadas y resguardadas por todos, para que ningún nene llegara a sentir que no había espacio para el respeto entre amigos. Ya lo dice el milenario refrán: reglas claras conservan la amistad.
Al parecer los pequeñines en EEUU nunca jugaron a la matanza o a los colores cuando niños; nunca aprendieron que si yo rompo las reglas, no puedo exigir que los demás las cumplan; si como país no respeto el orden regulador multinacional, y determino no tomar en cuenta las normas de la Comunidad Internacional, no tengo la base moral para exigir que los demás los cumplan, por mas que yo sea el niño más grande y gordo de la cuadra: simplemente no se puede.
Desde la época de la Guerra Fría y la paz simulada que el mundo no vivía una situación de tal tensión, donde cualquier paso en falso puede provocar incidentes de insospechados y catastróficos pronósticos. Que el Gobierno Norcoreano es una amenaza latente para la paz mundial, de eso no cabe duda, pero EEUU no lo ha hecho mejor tampoco: el intervencionismo en Medio Oriente ha sido brutal, y ha generado una ola de odio hacia Occidente que es probable que se pague con la sangre de muchas generaciones.
The United States of America se ha metido en un lío que ni ellos mismos pensaron. Estiraron tanto la cuerda (nótese invasión a Irak, sin el respaldo de la Comunidad Internacional a buscar “supuestas” armas de destrucción masiva que nunca aparecieron) que finalmente el chicotazo al cortarse casi le vuela los bigotes al Tío Sam. ¿Con que cara van a pedir ahora que se respeten las normas internacionales? Si no se aprendió de chiquitito, de viejo cuesta más pues.
Por Ricardo Cortés.
